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10 Wines To Watch From South America Now
Cathy Huyghe , Contributor
I write about the people, business and politics of the wine industry.
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Continued from page 1
2013 Dominio del Plata “BenMarco Expresivo” (Argentina). This blend of Malbec and Cabernet Sauvignon is aromatically lush (violet, mint, lavender), complemented by a palate of blueberry and black currants, and held together by firm but not overpowering tannins.
2011 VIK Red Blend (Chile). Blended from 54 different lots, this very complex wine lingers long on the palate. Earthy notes of tobacco and savory herbs are counterbalanced by rich and lively fruit notes of dark plums and ripe black cherry.
2012 Luca Malbec (Argentina). Aging in 70% used oak barrels offers a more restrained treatment than some of its counterparts, and lets the red fruits show through. Hints of strawberry and red currants are integrated plush notes of chocolate and leather on the finish.
2011 Alto de la Ballena (Uruguay). This Tannat-Viognier blend is an unexpected and surprisingly appealing match of opposites: Tannat’s wild and rough tannins together with Viognier’s pretty and elegant fragrance somehow characterize the risks the new winemakers of Uruguay are willing to take, and their pay-offs.
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Decanter – August 2013

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7° Festival del Tannat y el cordero

Festival del tannat y el cordero 2015

Día del enoturismo

Día del enoturismo Sabado 8

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La garra del vino Uruguayo

La garra del vino uruguayo

“El tannat, la cepa-emblema charrúa, se agarra al paladar como si tuviera garras, pero también con un frescor que pocos tintos tienen en el Nuevo Mundo. Los vinos de Uruguay están listos para conquistar el planeta, sólo falta que ellos se lo crean…”

La forma típica de presentar a Uruguay es con un dato, que funciona como dato, pero también como chiste: en ese país viven algo más de tres millones de personas y trece millones de vacas. Los uruguayos se comen a las vacas antes que las vacas se los coman a ellos.
Y lo de comer vacas es algo serio en un país en donde, y con perdón de los argentinos, se preparan los mejores asados del mundo. Las vacas pastan tranquilamente por la topografía de planicies y pastizales siempre verdes gracias a la generosidad de las lluvias. No hay fuertes laderas ni grandes montañas en Uruguay, así es que los trece millones de vacas comen lo que quieren, no se estresan (ni crean músculos) subiendo cerros, mientras su carne se infiltra de grasa que tan bien queda, después, sobre las parrillas charrúas.
Para comer esas vacas, los uruguayos tienen alrededor de nueve mil hectáreas de viñedos, y consumen unos 24 litros al año, lo que es bastante más que nosotros que estamos por los quince anuales. Ellos, además, tienen una estrella; el tannat, una cepa tinta que es su emblema y por la que todos luchan.
El tannat es una cepa que no tiene muchos aromas, pero lo que no da en la nariz, sí lo da en la boca: es un tinto recio, de potentes taninos que atacan el paladar desprevenido. Es, además, una cepa de muy buena acidez. Todo eso la hace ideal para acompañar las parrillas uruguayas. Un bife con una copa de tannat es de las mejores cosas que uno pueda probar en esta vida.
Pero hay más cosas singulares del vino uruguayo. Primero que nada, el clima. El 90 por ciento de la viticultura uruguaya se encuentra hacia el sur del país, una zona de clima húmedo e influida por el Río de la Plata y el Atlántico. En ese lugar llueve mucho y, aunque por estos días hace un calor del demonio, no se puede definir a esta zona como cálida. Los alcoholes de sus vinos lo comprueban: como promedio, incluso en estos tiempos modernos, los tannat uruguayos tienen trece grados de alcohol. En Chile, los vinos tenían ese promedio hace veinte años.
Y también están los suelos. Las zonas de arcilla y cal, dan vinos tensos, ricos en acidez, pero también potentes y voluptuosos. El tannat brilla en ese tipo de suelos que hay, por ejemplo, en el departamento de Canelones, que rodea a la ciudad de Montevideo. Pero hay más: pizarras, granitos, arenas, todo un mosaico que es una promesa de diversidad de sabores.
Suelo, clima y una variedad espectacular como el tannat son una combinación explosiva. Y si a eso le sumamos que el Uruguay vitícola es un país aún no expuesto (o contaminado; como prefieran) a las influencias de los mercados externos, tenemos que los vinos ofrecen un fuerte sentido local. El tannat tradicional es astringente cuando joven, ácido, austero, tenso, frutal, pero sobre todo mineral. Créanme, no hay nada mejor en el mundo de los vinos que un tinto así para beberlo con chorizos o prietas o cualquier cosa que salga de la parrilla.
Bodegas como Carrau, Los Cerros de San Juan, Pizzorno, Stagnari o De Lucca producen ese tipo de tannat que hace agua la boca, sobre todo en niveles básicos o reservas, en donde la influencia de la madera no ha arruinado esa fruta deliciosa y tímida de los tannat uruguayos.
Pero también hay otros caminos, más pensados para el mercado internacional y que, no por coincidencia, tienen a consultores extranjeros entre sus filas. Es el caso, por ejemplo, de Narbona que es ayudado por el gurú de los vinos súper maduros y comerciales, Michel Rolland, o Garzón, que es asesorado por Alberto Antonini. Especialmente en el primer caso, lo que se busca es domar al tannat, madurarlo mucho más para que su textura se suavice, ponerle corbata, peinarlo. Disfrazarlo, si prefieren, para que pueda ser del gusto del mercado que, ya lo sabemos, de gusto no tiene nada.
Sin embargo, en un reciente viaje y luego de haber probado los vinos de unas treinta viñas uruguayas (no hay muchas más, la verdad) me queda la sensación de que esa influencia externa aún no arruina las cosas -como casi lo hace en Argentina- reduciendo todo a un tipo de vino (mermelada y madera, básicamente) y anulando de paso la diversidad inherente a esta bebida. Los tannat uruguayos, como dije, huelen y saben como ningún otro vino en el mundo. Y eso es un muy buen signo del cual no todo país productor se puede vanagloriar en estos tiempos modernos.
En medio de esa diversidad, es normal que surja gente arriesgada. Como muchos basan su sustento en vender vinos en garrafas para el consumo masivo, algunos de los productores se dan un espacio para jugar, como el caso de la bodega J. Chiappella, en la zona de El Sauce, en Canelones. Los tres hijos, herederos de este pequeño emprendimiento, le renuevan la cara a la bodega familiar con vinos divertidos, jugosos y frescos, como el caso del Marselan, una cruza entre cabernet y garnacha, que es para chuparse los dedos.
Ya mucho más radical es el proyecto Viñedo de los Vientos, en la zona de Atlántida, también en Canelones. Pablo Fallabrino y su mujer, Mariana Cerutti, hacen literalmente los vinos que se les da la gana, como si todo fuera un juego. “Me siento, y con un papel voy escribiendo los vinos que se me ocurren. Y luego los hago”, dice Pablo, hoy uno de los enólogos más innovadores -y sobre todo libres- en la escena del vino en el Nuevo Mundo.
Junto a Viñedo de los Vientos, una bodega pequeñita de no más de sesenta mil botellas, conviven viñas más grandes, aunque nunca tanto. La más importante, en términos de volumen, es Juanicó que está por los dos millones de cajas, una gota de vino si lo comparamos con las grandes-grandes de Chile.
Juanicó también es la que más ha exportado sus vinos. Y en un plazo de diez años, su estilo se ha depurado muchísimo, logrando una extraña mezcla entre tintos con carácter local y que perfectamente pueden ser entendidos en el extranjero. Como ejemplo, el fantástico tannat Don Pascual Reserva, un jugo de cerezas a más o menos ocho dólares la botella, en Montevideo.
Otra de mis bodegas regalonas está junto a la costa, pero esta vez en el muy concurrido Punta del Este. Se llama Alto de la Ballena y es un caso ejemplar de emprendimiento en una zona en donde nunca antes hubo vino. En 1998, el matrimonio de Paula Pivel y Alvaro Lorenzo gastaron sus ahorros en una larga loma que cae a la laguna de El Sauce, en la zona de Punta La Ballena, un lugar  paradisíaco. Hoy, con parras de algo más de una década, hacen vinos exquisitos, sobre todo su syrah Cetus, un vino que habla de la influencia marina con claridad y que es, probablemente, el mejor tinto no-tannat de Uruguay.
Los vinos uruguayos son un secreto. Nadie en el mainstream del mundo vínico los ha tomado realmente en serio, quizás porque los mismos uruguayos no se han tomado tan en serio a sí mismo. Cuando en una de las catas casi salto de alegría al probar un tannat, el productor frente a mí cree que no hablo en serio. Y no es así. Frescos, rabiosamente austeros, llenos de energía y frescor, los vinos de Uruguay están a punto de hacer erupción en un mundo que ahora pide precisamente el estilo de vinos que ellos han bebido desde siempre.

El tannat me alucina

12/02/2013

“El tannat me alucina”

EL PERIODISTA CHILENO PATRICIO TAPIA VISITÓ URUGUAY Y ENLOQUECIÓ CON LA CEPA EMBLEMÁTICA. PROBÓ 200 VINOS, RECORRIÓ BODEGAS Y DEJÓ CONSEJOS

Patricio Tapia

Por Martín Viggiano (@martinviggiano)

Difusión y confianza. Eso es lo que le falta a la industria vitícola local para poder despegar, a juicio del reconocido periodista chileno Patricio Tapia. Luego de recorrer bodegas en Uruguay, aseguró que aquí se hacen vinos “maravillosos”.

El comunicador publica desde 1999 una guía de vinos llamada “Descorchados”, adonde recomienda luego de realizar un trabajo de degustación de los vinos de su país. Desde 2006 la publicación incluye vinos argentinos, y como faltaba Uruguay, este año decidió dar el paso e incluirlo. El libro, que se publica en los principales mercados de Sudamérica, se podrá encontrar en México desde mayo; en Colombia desde noviembre; y en Brasil desde marzo de 2014. En Uruguay –con la inclusión de recomendaciones de sus vinos- estará disponible entre junio y julio de 2013.

En un breve intercambio con Sacacorchos, Tapia confesó que le “alucina” el tannat, la cepa emblemática de la industria local. Dijo que Uruguay tiene “tremenda energía” en sus vinos y destacó las condiciones de producción, tanto por el clima como el suelo. Para el periodista chileno la inversión en promoción es fundamental para que los vinos uruguayos generen más demanda en el mundo. Aseguró, además, que los tannat deberían seguir siendo ácidos y “salvajes”, en vez de buscar la madurez que reclama parte del mercado internacional.

Lo que sigue es un resumen de la entrevista por correo electrónico:

¿Por qué decidió editar su guía “Descorchados” en Uruguay?

Porque me parece que Uruguay tiene una tremenda energía en sus vinos. El tannat es una de esas cepas que me alucina. Una uva que crea vinos construidos en su estructura antes que en su lado aromático. Vinos con acidez, con taninos, con frescor. También me entusiasma el hecho de que Uruguay tenga tal diversidad de suelos, desde los calcáreos hasta las pizarras. Y el clima, que permite vinos menos alcohólicos. Aunque suene repetido, el estilo de los vinos uruguayos es más de viejo mundo que de nuevo, en el sentido de su frescor y de la tensión que poseen.

Para el trabajo, ¿cuántas bodegas visitó y cuántos vinos probó?

Yo visito Uruguay hace muchos años. Y he tenido la suerte de estar en algunas de las bodegas más importantes. Sin embargo, el trabajo de “Descorchados” es distinto. Nosotros nos juntamos con los productores y catamos con ellos sus vinos. Luego, en una segunda etapa, catamos los mejores vinos a ciegas. En total, hemos tenido unas 350 reuniones con los principales productores de Argentina, Chile y Uruguay. En Uruguay, hemos estado con 31 bodegueros y hemos catado algo más de doscientos vinos.

¿Qué opinión se llevó de los vinos uruguayos?

Lo que más me sorprende y me gusta de los vinos uruguayos, en especial del tannat, es que tiene calidad, pero sobre todo carácter. Los mejores ejemplos tienen un indudable sabor uruguayo, no contaminado aún por excesiva madurez, madera o consejos de consultores externos, es decir, no hay gusto “internacional” sino que local. Y eso, desde mi punto de vista de periodista, es muy valioso.

¿Qué tiene de distinto el vino uruguayo?

Yo creo que lo distinto es una cepa, el tannat, pero también un clima y un suelo que permite que esa cepa se exprese de determinada forma. Un buen tannat uruguayo, para mí es tímido en aromas, pero tremendamente potente en estructura. Un tannat tipo se construye en base a taninos y acidez, una compleja combinación en donde los sabores frutales son apenas un decorado. En ese sentido, los grandes tannat (como los grandes pinot, nebbiolos o baga) tienen que ser hechos con mentalidad de arquitecto en vez de perfumista.

¿Qué debilidad tienen las bodegas y los vinos uruguayos?

Su falta de difusión, y quizás la poca confianza en lo que hacen. Y lo que hacen es maravilloso. No hay que hacerle caso a nadie de afuera. Hay que hacer lo que han hecho en los últimos años. No tenerle miedo ni a la acidez ni a los taninos; olvidares de la sobre madurez y la madera, dejar que el tannat sea todo lo salvaje que tenga que ser.

 

¿Qué le falta a la industria vitícola uruguaya?

¡Mucho dinero en promoción!

¿Qué vino uruguayo le gustó más?

Sorpresa. Lo sabrán pronto.

Patricio Tapia eludió mencionar vinos en el intercambio con Sacacorchos. Sin embargo, en el blog especializado del diario chileno El Mercurio, que él mismo administra, así como en varias intervenciones en redes sociales como Twitter y Facebook, comentó a sus lectores algunas sugerencias a modo de adelanto de la guía. Mencionó el tannat reserva de bodega Juanicó, de la línea Don Pascual, y otros tintos varietales de la misma cepa de bodegas como De Lucca o Carrau. También aseguró que el syrah Cetus, de bodega Alto de la Ballena, es el mejor vino tinto no tannat de Uruguay.

“Uma das paisagens mais atraentes no país”

Las siete hectáreas de viñedos de Alto de la Ballena están plantadas en uno de los paisajes más atractivos del país, las laderas de la Sierra de la Ballena, con vista a la laguna del Sauce.

Mucha piedra y aires oceánicos son el entorno de este viñedo con mitad Merlot, el resto Cabernet Franc, Syrah y la emblemática Tannat, además de una pequeña cantidad de Vlognier ‘Nos gusta mucho el Merlot -afirma Alvaro Lorenzo-, propietario junto a su mujer, Paula Pivel del emprenriimiento, y nos está dando excelentes resultados”

Son las primeras experiencias, ya que la plantación comenzó en el año 2001 “Nuestro trabajo agrícola utiliza la técnica de la Producción integrada, un estandar internacional que implica entre otras cosas la minimización del uso de agroquímicos. Además de la alta calidad organoléptica en los vinos queremos que nuestros productos sean ecológinicamente amigables y muy sanos para el consumo humano”, explica Lorenzo a Placer

Paula está totalmente dedicada a la bodega, que vinifica sus vinos en Viñedo de los Vientos. “Este año esperamos empezar a construir la bodega”, cuenta.

Actualmente producen tres vinos: un Merlot/ Cabernet Franc/ Tannat, un Merlot Reserva con crianza en barrica de roble y un tannat / Viognier, original corte Inspirado en los Syrah/ Viognier franceses y australianos.

Los viñedos y la futura bodega propia están a unos 20 kilómetros de Punta del Este, lo cual dará además un perfil turístico muy interesante al emprendimiento, fácilmente accesible por la Ruta 12 que sale de Portezuelo al norte.

Ya en medio del viñedo construyeron un pequeño parador de madera, integrado al entorno.

Este año comenzaron a vender sus vinos en algunos comercios especializados y restoranes de Montevideo y Punta del Este.

Fuente: Revista Placer – Octubre de 2007

Um dos mais impressionantes novas vinícolas no Uruguai

The grape that is, rightly or wrongly, always associated with Uruguay is Tannat, originally from the Madiran region of southwestern France, near the Pyrenees, and so known to the Basques who came to Uruguay in the nineteenth century and played a major role in starting its wine-making industry.

In 1870 one of them, Pascual Harriague, planted Tannat vines near Salto in the northwest of the country, and in 1876 Francisco Vidiela planted them in Colón, now in Montevideo’s northern suburbs. As early as 1877 Tannat (then called Harriague) was known as the ‘Uruguayan grape’, and in the late twentieth century it became associated with the country’s resurgent wine industry.

Wine-makers have used Tannat as Uruguay’s calling card even more than Chilean winemakers have used Carmene*re, and most visitors to Uruguay will want to try it. In fact it is quite hard to avoid as it’s used a lot, being very productive, ripening late and coping well with frost. It produces large tight bunches of smallish grapes which are easy to pick, an important consideration as harvesting in Uruguay is almost always done by hand (unusually, its leaves begin with three lobes and then develop two more). It produces a full-bodied deep red-black wine that’s fruity and a bit smokey.

However there is a problem. Tannat is known for its very high tannin levels (the name is no coincidence), due to the grape’s thick skin, and on its own Tannat can be just too much for many people. Historically this has happened when the summer has been wet or the grapes have not ripened fully, or when it’s been aged for too long in poor barrels; good management is vital. In France it has always been used mainly as a blending grape, and the rules of the Madiran appellation require Tannat to be blended with Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc and Fer. It is also blended with Manseng and Courbu Noir, but blending Tannat with Merlot has been particularly successful in giving softer fruitier wines. Tannat’s high acidity allows it to be aged in oak barrels for up to twenty months to soften the tannins and bring out its flavour, and it benefits further from bottle aging (up to 6 years) and decanting before serving. French rosés made with Tannat are allowed to macerate or steep for only a short time to stop the wine becoming too tannic. The technique of micro-oxygenation was introduced in Madiran in 1990, with oxygen being bubbled through fermenting Tannat, to soften the wine’s tannins.

In Uruguay Tannat has been bred to be less acidic and tannic but with higher alcohol levels and more complex fruit tones. Some winemakers blend these modern clones with grapes from the ‘old vines’ descended from the original French cuttings; both types of Tannat are often blended with fruitier grapes such as Merlot, Cabernet Sauvignon and Pinot Noir. Some of these blends work immensely well; in addition fortified and distilled Tannats (like port or brandy) are now appearing and seem to be very successful. With luck, the days of people having to add ice or soda to their Tannat to make it drinkable are over. Indeed, the Financial Times’s wine writer Jancis Robinson chose a 2006 Uruguayan Tannat as one of her thirty choices for Christmas, perhaps because it goes so well with chocolate.
Tannat has now spread from Uruguay to Argentina, Chile, California and Australia; in the last five years most vineyards in Mendoza, Argentina, have taken to adding 5-10% Tannat to their Malbec, an amount that doesn’t have to be shown on the label. In California it’s used in Meritage (or Bordeaux-style) wines and also blended with Cabernet Franc, Sangiovese and Syrah grapes.

Around 25% of Uruguay’s vineyard area is now planted with Tannat, mostly in Canelones and elsewhere in the south; however in recent years it’s been found that it actually does even better in the north, and new vineyards are being established near Salto (where Tannat was first planted in Uruguay) and Rivera.

One of Uruguay’s most impressive start-up wineries is Alto de la Ballena (Ruta 12 km 16.4 Maldonado; tel: (094) 24 0365; www.altodelaballena.com), which certainly indicates that Maldonado has a promising future as a wine-making region.

Álvaro Lorenzo and his wife Paula Pivel were high-flying MBAs (he was also a member of Congress from 2004 to 2010) but decided to follow their passion and create a boutique winery. Their research identified southeastern Uruguay as ideal for dry wines, with sea breezes and temperatures of 30° C when it’s 35° or 40° in Canelones and the interior. They planted 8 hectares from 2001 on and began making wine using equipment at other wineries; since 2008 they’ve had their own winery and the results are even better than before. They’re producing 30,000 bottles a year, and aim to increase that to 50,000, exporting 20,000 soon.

Almost half the area is planted with Merlot, with Tannat, Cabernet Franc, and half a hectare each of Syrah and Viognier; they make a unique and very successful Reserva of Tannat (85-90%) and Viognier, and also blend up to 20% Viognier with their Syrah. The spicey, plummy Merlot Reserva is excellent too, spending a year in French oak. The entry level line includes a clean, well balanced Viognier, a Merlot-Cabernet Franc-Tannat blend (with half the Merlot aged in French oak, but still a young wine overall with lots of tannin) and a rosé (60% Cabernet Franc, 40% Tannat, so like a light red wine); they may also add a Cabernet Franc.

Turning south off Ruta 9 at km 127 onto Ruta 12 (from Minas to Maldonado), the vineyard is 16km from the sea, with iron-rich soil of oxidated grey granite with schist and quartz; some of their land is too rocky to plant, but it’s a haven for wildlife (with lots of field flickers) and has great views out across the Laguna del Sauce. Tastings are on a hilltop deck (although a tasting room and restaurant are under consideration), where ninety-minute visits tend to stretch to two hours or more as people relax in hammocks to enjoy the breeze and the siesta.

There’s a fairly lengthy approach along a dirt track to the vineyards and then the hilltop tasting room with stunning. Small groups come mainly from Punta del Este’s hotels, and can buy wines for US$9 a bottle, or US$19 for the reservas (which sell for US$40-50 in Punta’s restaurants); there’s an extra charge for a selection of wonderful cheeses from Nonno Antonio’s.

Bradt Travel Guides, Uruguay Ed. 2010

Un contexto realmente imbatível

Los caminos del vino se extienden hasta confines imprevistos. Y ya llegan incluso a… ¡Punta del Este! Así es. Hace diez años, Paula Pivel y Alvaro Lorenzo, una bancaria y un abogado (dirigente del Partido Nacional) montevideanos, comenzaron a darle forma en la sierra de la Ballena, Maldonado, a un cuidado emprendimiento que no tardó en dar frutos: en 2006 tuvieron su primera cosecha y en 2007 presentaron las primeras botellas con la etiqueta Alto de la Ballena.

Sobre la ruta 12, a pocos kilómetros del mar y con el título de la única bodega de Punta del Este , la empresa contempló desde el inicio el aspecto turístico del negocio, aprovechando bien su espectacular ubicación serrana. Así, el matrimonio ideó, además de los viñedos y las instalaciones de la bodega en sí, un deck con vista panorámica para recibir turistas y ofrecerles degustaciones en un contexto realmente imbatible.

Actualmente, Alto de la Ballena se puede visitar con reserva previa. El programa, por 20 dólares, incluye recorrido guiado entre la vid (dos hectáreas sobre una pendiente rocosa) y degustación de cinco variedades, con un Tannat Viognier reserva, como botella insignia del establecimiento. Todo, de la mano de sus propios dueños, que no disimulan entusiasmo por este proyecto de buenos vinos y cambio de vida.

Una opción es acompañar la degustación con quesos producidos muy cerca de Alto de la Ballena, de la marca Nonno Antonio, que hace tiempo tenía su local frente al hotel Conrad, pero que un par de años atrás se mudó al campo , por el camino Lussich.

La nueva casa, una especie de cabaña de madera en el bosque, es ideal para probar in situ gorgonzola, mascarpone, reblochon y petit suisse, entre otras maravillas, no casualmente con vinos de Alto de la Ballena, y con tiramisú de postre. Todo por unos 20 dólares.

La agencia NovoTurismo organiza tours tanto a la bodega como a Nonno Antonio, además de otros poco conocidos puntos ecoturísticos de la zona.

www.altodelaballena.com

Fuente: La Nación